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domingo, 25 de septiembre de 2011

CUENTO DE OTOÑO: "Casi humanos"





CUENTO DE OTOÑO: "CASI HUMANOS"

Hoy ha salido el sol, es de esos días tranquilos y apacibles con una buena temperatura, lejos ya del calor asfixiante del verano que tanto me molesta. Me siento feliz contemplando el verdor de estos campos que me invitan a corretear como en mis buenos tiempos juveniles. Todavía, a pesar de mis años, tengo agilidad para caminar y hasta me atrevo a corretear sin dañar mis huesos ya un poco caducos.

Qué placer es poder percibir el olor de la hierba, ese olor tan agradable y tan variado que se puede encontrar por estos campos. Me hace recordar cuando era pequeña y retozaba en el pueblo con mis hermanas, qué tiempos pasados, qué maravilloso era jugar libremente revolcándonos en la hierba fresca y verde viendo como las ovejitas nos miraban con ojos inexpresivos…jajajaja…era divertido verlas amontonadas pastoreadas por nuestra madre a la cual le tenían un gran respeto.

Uff!, que cansada estoy, me voy a recostar al pié de este árbol para descansar y poder seguir contemplando el campo que tanto me gusta. Desde aquí veo pasear tranquilamente a mi familia y contemplo como a ellos también les encanta pasar por estas alfombras verdes.

Mi familia es muy especial para mí, sin ellos no podría vivir, me quieren muchísimo, me miman y me cuidan todos los achaques que ya empiezo a tener, porque día a día y mes a mes el tiempo va pasando y hoy te sale una canita de nada y cuando te das cuenta tienes el pelo casi blanco que, unido a los problemas digestivos, de la vista y cosillas que van saliendo, poco a poco se da uno cuenta que el tiempo pasa muy rápido y no acabas de haber sido una joven bella cuando te das cuenta de que ya no eres ni joven ni bella…bueno, dice mi familia que soy la más bella entra las bellas…pero no me lo creo mucho, la vejez es la vejez y , aunque digan “la que tuvo retuvo…”, no es lo mismo.

Desde este lugar a la sombra del árbol observo a María y a José que pasean plácidamente. María es la que me cuida, tierna y amorosa, me dice palabras cariñosas, me besa en la frente con tierno amor y atiende todas mis necesidades…¡si hasta me canta canciones como las que le cantaba a sus niñas cuando eran pequeñas!… Ella es la que me pone música porque sabe que me gusta mucho, sobre todo las musiquitas "tranquis"…esas me encantan, me relajan. Para él, quizás, sea el ser más importante en estos momentos; me acompaña a pasear, me dice palabras tiernas y amorosas, me entretiene con juegos divertidos. Bien pensado creo que soy muy afortunada por tenerlos y convivir con ellos.

En las tardes de otoño cuando ya el día es más corto María y José charlan comentando las noticias del periódico o de la tele, o simplemente de sus cosas, de sus hijos…yo me adormezco oyéndoles y me encanta estar así, lo que se dice “en familia”.

No se si soy consciente de la suerte de tener una familia como la mía pero lo que sí se es que me siento muy bien con ellos.


- José, ¿te has fijado que sueño apacible tiene Linda? Fíjate que carita de felicidad, parece que estuviera soñando algo bello porque su rostro se ilumina y tal parece que sonriera… Debe estar soñando que corretea por el prado, mira como sus patas se mueven accionándolas como si corriera…

- ¡Linda!, ¡Linda! Mi bella…bella entra las bellas…¿Soñaba mi perrita? ¿Qué soñaba ella que su carita sonreía? ¿Te das cuenta, José, que a veces los perros son casi humanos, esa mirada de humanidad que tienen me conmueve…

- Ven!, mi niña-perrita, que ya nos vamos para casa.

Cada uno, en silencio, saborea el regusto de haber tenido una tarde agradable mientras caminan con paso tranquilo hacia el hogar.

Maria Dolores Velasco

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