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domingo, 25 de septiembre de 2011

RETAZOS DE UNA VIDA V: "El milagro"




RETAZOS DE UNA VIDA V- “El milagro”

Primavera de 1984…

Suena teléfono…
- ¿dígame?...
Se oye una voz femenina al otro lado del teléfono que pregunta por la señora de la casa…
- Si, soy yo…dígame que desea…
- Hola!, te llamo de parte de Juan Hernández Mora. No me conoces, soy la esposa de Juan, pasados unos años del fallecimiento de su esposa nos hemos casado y ahora vivimos aquí en Madrid donde yo tengo mi trabajo como profesora en un Instituto de Segunda Enseñanza.
- ¡Pero qué me dices!!! ¡Qué alegría, qué gran sorpresa!!!...la emoción me embarga, dime...¿en qué barrio vivís?
El tío Juan vivía a unas cuantas calles de mi casa, andando se tardaba tan sólo unos minutos…Era increíble!!! ¿Estaría soñando?
Habían pasado muchos años, era impensable lo que me estaba pasando…Siempre se ha dicho que “la vida da muchas vueltas” ¿tantas para traer a mi lado al tío Juan? Era maravilloso, era un sueño!!.
Ese mismo día me fui literalmente corriendo para ver el milagro que la vida me regalaba, no me podía creer que dentro de unos minutos iba a poder ver, tocar y oír hablar a mi tío Juan, ahora un anciano de más de ochenta años, que aunque tenía algún que otro achaque propio de la edad y había sufrido un percance circulatorio, en general se le veía bien, estaba como siempre, con humor, ingenio, amoroso…
¡Qué emoción, abrazos mudos, sin poder decir nada…La emoción del anciano era aún más evidente que la mía…Para él significaba mucho poder tener a su lado a “la nena”. Mucho salto en el tiempo era ese. La había dejado de ver con 10 años y ahora la encontraba, por caprichos del destino, hecha toda una mujer, casada y con dos hijas.
Hablamos de todo, casi con prisa para que no se quedara nada por decir, era una sensación de querer resumir tantos años en unas horas. En realidad no había prisa ninguna, tío Juan vivía felizmente a mi lado, lo podía ver tantas veces como quisiera, no salía de mi asombro esto que me ocurría, era realmente un milagro…Si, existen los milagros, no hay duda, no hay duda…
Hablamos de mis estudios musicales como era lógico. Por aquellos momentos estaba proyectando ir en el mes de julio a Salzburgo, al Instituto Orff, cuna de la Pedagogía Musical, para perfeccionarme en esta especialidad. Estaba orgulloso de que esa semillita que se plantó en su casa de Mahón hubiera germinado.
Recordamos aquellos tiempos, el Ateneo y su empeño en que diera “conciertos” ante sus amigos; los juegos, los muebles y objetos tan bellos que tenia en su isla adorada, me llevó a una habitación contigua donde tenía uno de esos muebles tan hermosos, llenos de cajoncitos que tanto me gustaban, que se había traído a Madrid para poder tener algo de sus amadas cosas. Recuerdo que cuando lo vi solo se me ocurrió acariciarlo como si fuera algo vivo, como cuando se acaricia un gatito o un perrito, y es que en realidad era algo muy delicado para mí. Recordamos a la Venus que poco a poco se había ido quedando sin brazos por comerse las uñas…¡Qué tiempos! Qué maravilla, qué felicidad…Reímos, lloramos, bromeamos…
Le visité muchas veces, sola, acompañada con mi madre, con mi esposo y mis hijas. Conoció a toda mi familia y en esa primavera de 1984 fui la mujer más feliz del mundo.
Echaba mucho de menos su isla y sus cosas pero estaba feliz con su nueva esposa, mujer muy culta, mucho más joven que él, hacían una buena pareja. Tío Juan deseaba como niño que llegara el verano y las vacaciones de ella para ir a su adorado Mahón.
Llegó el verano, ellos se marcharon a Menorca, yo a Salzburgo y luego, en agosto nos fuimos mi esposo y yo con las niñas a disfrutar unas semanas de las playas del Mediterráneo.
Era el mes de septiembre. En Madrid se disfrutaba del final del verano con un tiempo maravilloso, se podría asegurar que en vez de ir hacia el otoño estábamos entrando en la primavera, eso daba una sensación optimista y de bienestar. Contaba los días que faltaban para que volvieran de Mahón el tío Juan y su esposa que no debían de tardar mucho en llegar ya que ella empezaría pronto las clases en su instituto. Estaba deseosa de contarle que tal me había ido en Salzburgo, las experiencias, las simpáticas anécdotas que me habían sucedido y que estaba segura de que él las iba a disfrutar porque tenía un gran sentido del humor y algunas eran muy divertidas… Me lo había pasado fenomenal.
Tío Juan volvió, si, volvió, pero nunca más pude ya verle y hablar con él.
En el avión, viajando hacia Madrid sufrió un infarto de miocardio y no lo pudieron salvar, y allí mismo, en el vuelo de Menorca a Madrid, dentro del mismo avión falleció en ser más maravilloso que he tenido la dicha de conocer.
Es imposible traducir en palabras lo que sentí en esos momentos. Es muy difícil expresar los sentimientos, sólo diré que mi tristeza era tan grande que no podía reaccionar ante tal acontecimiento.
Un día soleado, una temperatura agradable y un pequeño manojo de amigos le despedíamos en su última morada aquí, en Madrid, lejos de su Mahón amado, lejos de ese pueblo que le adoraba, que le reconocía como hombre de gran valía, erudito y honorable, lejos de su Ateneo y sus ancianos tertulianos.
A los pocos días, reaccionando, pensé que la vida no había sido injusta conmigo, al contrario, la vida me había regalado el milagro de poder volver a verle, charlar, mostrarle mi afecto antes de que ese ser partiera a otra dimensión donde, estoy segura, allí le espera la auténtica “nena” esa que les había abandonado a los pocos años de nacer y llevaba mucho tiempo esperándole.
A pesar de estas consideraciones tengo que reconocer que en mi vida quedó una nube gris que he ido despejando poco a poco hasta quedar en mi alma una sensación de serenidad cuando pienso en él.
Como no tenía hijos, en su testamento constaba la donación de todos sus enseres tan valiosos, de todas sus pertenencias históricas, todas las cosas, mapas antiguos, objetos de arte, cuadros, muebles, procedentes de su propia casa y de la casa de su padre, toda esa riqueza histórica la donó al Ayuntamiento de Mahón. Al año siguiente de su fallecimiento el Ayuntamiento inauguró un museo en el complejo del Carmen: el MUSEO JOAN HERNÁNDEZ MORA, en la plaza de la Miranda de Mahón.
…Y ahí, en Maó (Mahón), capital de la isla de Menorca, en ese museo quedó atrapada en el tiempo parte de mi infancia.


EPILOGO

Estos Retazos son mi homenaje a un gran hombre, pequeño en estatura pero grande por muchos motivos.
Tío Juan…mi tío Juan, siempre te llevaré en mi corazón porque fuiste la persona que más cosas me dio: volcaste en mí todo el amor que no pudiste dar a tu niña malograda, me transmitiste el amor por las cosas bellas, el gusto por todo lo delicado, siempre entendí tu sentido del humor, humor a veces sarcástico que yo he “heredado” de ti. Tantas y tantas vivencias con un ser tan especial como fuiste tú para mí y para Menorca.
Tu tierra te reconoció como Hombre Ilustre, tus pertenencias, tantas cosas bellas que te rodearon están recogidas en el Museo Joan Hernández Mora que la ciudad de Maó tiene el honor de mostrar a los visitantes.

Hombre ilustre de tu tierra, siempre te llevaré en mi corazón.

María Dolores Velasco




1 comentario:

Dórigo Alegezzo dijo...

Pues me lo he leído todo María Dolores. No soy un buen lector, lo reconozco; hay cosas que por muy afamadas que estén, soy incapaz de pasar de la segunda página.
Pero en este caso te diré que la lectura no me ha dejado parar ni un solo momento. Según iba avanzando en ella, mayor interés me ha producido, hasta desilusionarme un poco por terminar tan rápidamente en el quinto capítulo.
Me hubiera gustado que detallases con otros capítulos, las vivencias mantenidas en Mahón, porque seguro que nos iban a deleitar a todos.
Me ha encantado todo, las descripciones y la forma elegante de narrar la historia de una niña, que como muy bien dices, está en los años donde el aprendizaje es vital para su futuro.
¡Ah!... que ya se quien es la "nena"... Eres tú...
Enhorabuena por tan sencilla y elegante narración.
Dórigo Alegezzo