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domingo, 25 de septiembre de 2011

RETAZOS DE UNA VIDA IV: "La partida"




RETAZOS DE UNA VIDA IV- “La partida”

Estaba ante el primer dolor de los muchos que la vida le iba a proporcionar. Había llegado el día en que su familia tenía que partir hacia otro destino por motivos de trabajo de su padre. Habían sido cuatro años de aprendizaje de tantas y tantas cosas, de emociones, gustos, nuevas aficiones, sentimientos puros del amor de aquel matrimonio y su sobrina, de tantas horas felices, alegres, divertidas, de tantos conocimientos culturales, que sólo la idea de tener que partir marcó por primera vez un rictus de dolor profundo en su alma todavía virgen en los avatares penosos de la vida.
No exagero cuando digo que fue una tragedia en la familia del tío Juan, lloraban porque por segunda vez se habían quedado sin “su nena” , con ese destino, ese fatum de las tragedias griegas. Ya no volverían a conversar con la nena, ya no deleitarían sus oídos las interpretaciones al piano, bastante mejoradas, ni tendría el tío Juan que seguir mostrándole a la Venus de Milo como ejemplo de lo que le iba a pasar por morderse las uñas…No tendría a esa personita que le recriminaba por ser tan “tiquis-miquis” con la sopa, las moscas y los pelos…
Los recuerdos agolpados, los sentimientos a flor de piel, una imagen de un barco, otra vez al anochecer, a la tenue luz del muelle, despidiéndose con una profunda herida en el corazón.
Allí están…alejándose de ella, cada vez se les veía más pequeñitos, iban decreciendo…Adiós…adiós, señalaba con su mano desde la barandilla de cubierta del pequeño barco blanco, de maderas nobles, de lámparas de cristal, de escalinatas alfombradas. Yo no le llamaba la atención todo eso, ella llevaba en su mente y en su corazón otras “maderas” de más precio: cuatro años de felicidad, de amor, de cultura, de experiencias únicas…
Mientras veía alejarse a sus seres queridos se le agolpaban en su mente los recuerdos de cuando el tío Juan la llevaba, orgulloso, al Ateneo para presentarla a sus amigos tertulianos como su sobrina y “pianista avanzada”, donde él pretendía que diera un “concierto”, cosa que nunca logró porque la nena era muy tímida para exhibir sus conocimientos y a pesar de que su mamá la sobornaba con la idea de hacerle un vestido muy bello para tan especial evento no había forma de que consintiera. Siempre tuvo muy claro lo que quería o no hacer, no en balde su padre decía de ella que era muy “voluntariosa”, bueno, una forma delicada de decir que tenía la cabeza más dura que las piedras.
La noche, el camarote, dormir en el barco…Ahora ya tenía experiencia y cuatro años más, era toda una señorita, ya no le impactaban esas cosas, teniendo en cuenta que su alma estaba profundamente triste para que se distrajera con el decorado.
El barco seguía su rumbo, esta vez hacia el puerto de Alicante porque el nuevo hogar de esta familia estaba en el sur de España. Unas nuevas gentes, unas costumbres diferentes, era empezar nuevas enseñanzas de la vida, esta vez menos intensas, menos emotivas, pero al fin y al cabo enseñanzas y experiencias que siempre dejan huella en la persona porque las experiencias de la infancia son base fundamental para la formación del ser humano.
Pasan los años, se distancian las gentes hasta que ocurre el milagro…


María Dolores Velasco


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